Tan Cerca, tan Lejos… Tan cerca

Recuerdo su voz resonando cuando me dijo “(…) Chikiar, no es que tu música no este al nivel de ser programada en este ciclo, lo que pasa es que un Chikiar, no vende, no lo conoce nadie. Cuando seas alguien y vendas seguro estarás en nuestra programación (…)”.

Esa sentencia derivó en la decisión de alejarme del la escena de la música contemporánea Argentina y aceptar la propuesta de John King de ir a The Kitchen NY, para desarrollar mis experiencias en la composición, expansión y procesamiento en real time mediante medios electrónicos junto a Laurie Anderson, Nicholas Collins, entre otros compositores de la escena de New York.

En esos años tomé la decisión no pertenecer ni permanecer en ningún circulo de compositores. Decidí exiliarme, tal como lo hicimos con mis viejos y mis hermanos  en el 78, un exilio Interno. Tan lejos y tan cerca de todo lo que pasaba.

Opté también por escuchar la música sin tener en cuenta quien era su creador. Música hermosa de muchos compositores ya destacados así también como de tipos de mi generación y más jóvenes, estimularon mis sentidos y no solo fue realmente placentero sino que también sin saberlo, fue un ejercicio para liquidar al yoismo y alimentar al niño lúdico interno, siempre despierto como un buda.

Tan cerca y tan lejos dedique mi tiempo a la docencia, la militancia, a producir bandas de Rock y a componer música para cine y ballet que son pasiones que tengo de chico. Aprendí a ser útil y sumar a la musicalidad del otro, a colaborar, a ser un proletario de la música.

La insolencia del rock me mantuvo ocupado, y fortaleció mi espíritu, pero por dentro había una llamada constante, La voz del Polaco Goyeneche y la de mi viejo murmurando una canción del Exilio de Gardel “(…) Solo y al costado como un cero solo, al que marginaron y resiste solo (…)”

Decidí entonces volver a escribir sin pedir permiso, rockearla, ser un insolente, faltarle el respeto a la academia, cagándome de risa de ella y de mí, componiendo música como una necesidad vital.

Pude aprovechar mi fobia social y no solo me puse a escribir, también a tocar de forma colaborativa con muchos artistas de diferentes artes y géneros. Siempre de manera transversal,  siempre llegando pero sin quedarme en ningún lado.

Y así llegando  un día, llegue a las entrañas de Paco Urondo, por  sincronicidad o complicidad del destino, Paco y toda su genialidad inmortal, se había tragado a Gandini a Utsvolskaya, a  Marcelo Delgado a las Mei a Lucas Urdampilleta y a una inmensa cantidad de compositores y de publico del cual yo era parte. Su tracto digestivo tronaba cual tormenta en otoño. La música era rock, de ese que te dan ganas de tener pelo largo y hacer un “pogo”. Disfrute cada de las obras, únicas e irrepetibles como sus autores. Lucas domando un piano en la tormenta con gran destreza, las MEI a quienes admiro se jugaron todos sus naipes en cuatro manos intensas. Mi corazón daba cuentas de que estaba en un lugar nuevo, desconocido, o tal vez olvidado, pero bello. Un momento único e irrepetible, desearía que la muerte sea tan bella como ese momento.

Jorge Chikiar ( 30/5/18)

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