Flautas y clarinetes

Voy a tomar la invitación que Marcelo Delgado ofreció al auditorio del ciclo Urondo Contemporáneo en la presentación del concierto del viernes 31 de agosto. Y lo voy a hacer como “expectador desprevenido” que es una de las formas que propuso para la escucha y la mirada de los conciertos.
Fui en compañía de mis hijos, todos menores de 10 años, y mi compañera, un amigo compositor y sus hijos, menores de 10 también: Llegamos un poco empezada la velada y estaba sonando ya la primera obra para clarinete. La primera impresión que tuve fue de alegría por encontrar una concurrencia nutrida muy atenta a lo que allí estaba sucediendo, me permito asociar libremente de puro atrevido, pero tal vez por la zona, tal vez por el presente, sentí que eramos la evocación de los concurrentes a la jabonería de Vieytes y que allí teníamos como destino pensar juntos la revolución… Vuelvo al clarinete. Cuántos espacios hay en un clarinete, cuántos espacios puede crear el clarinete? Es el clarinete un clarinete, o también pude ser una nave espacial en la que como instrumento de la transmutación nos abduce a los presentes y nos transporta a otras dimensiones, otros unviersos dónde los sonidos pueden ser geométricos y ese universo no necesita gravedad ni centro, sino más bien todo lo contrario… y las texturas del clarinete? No son acaso como esas superficies fluctuantes y claro/oscuras que logran captar los telescopios de gran escala? Puede ser un telescopio el clarinete? yo creo que sí y nos dice como Galileo que el orden no es como lo pensamos sino según las reglas del cosmos que vaya a saber uno quién o qué las dictó.
Luego, y seguramente por efecto de composición de programa apareció la flauta y con ella la voz de la luna… Alguna vez escuché decir a la querida Margarita Fernández que a veces la flauta pareciera querer cantar…
La flauta, a mi por lo menos, me hace cosquillas en la panza, de esas que da el amor o la ternura… Pero también puede rascar (perdón si soy demasiado vulgar) pero la flauta rasca el cuero cabelludo y relaja… no siempre, tambien solloza, la flauta es pan (¡!); de nuevo asocio libremente y digo es el Dios Pan, compañía de pastores y seductor de ninfas, la flauta es hoy, le flaute.
Después se suma o ingresa al convite: El señor piano, y en solemne maridaje hacen su primer obra, un diálogo de la polifonía con la monodia, no sé si digo bien, pero son varias voces posibles del piano en diálogo con la voz y la respiración de la flauta. A veces jugaban carreras, a veces a las escondidas.
Y al final, para despedirnos la flauta y el piano en compañía de dos señores metrónomos, quienes cerraron con una variación de homenajes? micro homenajes? a la música y a los músicos? no importa, aquí puede que hable desde ciertas influencias de la presentación pero lo que sí puedo decir es que en el final había canción, canción como comunión de voces que hacen honor a un motivo, dónde indefectibemente la alegría, en el sentido profundo de la emoción, se instala entre los presentes. Porque así debe ser, porque a mi me gusta que así sea, el final merece ser sostenido con alegría.
Después los aplausos, los abrazos, el gesto pleno de la felicidad que da la cofradía, el sabernos unidos y con convicciones, identificados a nuestras causas, y encausados por el deseo.
Diego Ernesto Rodríguez.

(6/9/18)

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